Gran parte de la popularidad de las series televisivas en el tiempo puede explicarse analizando la relación entre el espectador y el reparto de personajes. Existe una gran cantidad de ejemplos de series bien escritas cuya popularidad aumentó exponencialmente debido a la facilidad de la audiencia para ver sus propios sentimientos enlazados al mundo ficticio. Este tipo de obras dependen de situaciones comunes, dilemas morales y resoluciones satisfactorias para alcanzar este tipo de conexión. La mayoría del tiempo, como espectador, te podrás sentir aliviado de no encontrarte en los zapatos de esos personajes. Ocasionalmente, puedes sentirte empático respecto a estos sujetos, quizás incluso conectando las situaciones que están atravesando con experiencias de tu propia vida. Si has estado siguiendo la serie por un largo tiempo, los personajes pueden haber crecido en ti de manera tal que se hayan convertido en una especie de amigo lejano, por el cual alientas silenciosamente mientras el fin de su historia se acerca lentamente.

Pero esa fórmula clásica puede ser llevada al extremo, tal como demuestra la serie de Netflix Bojack Horseman. Siguiendo la historia de la estrella de cine de los 90s pasada de moda, uno puede experimentar un amplio rango de emociones complejas, a menudo sostenidas por una trama que es tanto bizarra como intrigante en partes iguales. Los pasajes más oscuros de la historia pueden provocar que quieras mirar hacia otro lado por la angustia, solo para verte atraído nuevamente por lo absurdo e ingenioso de los gags visuales perfectamente colocados y los rápidos juegos de palabras que componen el humor de la serie.

A pesar de ser constantemente elogiado durante y después de su emisión, existe un puñado de episodios clave, entregados directamente desde lo profundo del genio de Raphael Bob-Waksberg y su sala de escritores, que van más allá de la palabra memorable, incluso teniendo el potencial de cambiar la forma en la que uno ve las cosas de por vida. No me crees? Aquí está mi historia.

A modo personal

Crecí en una familia cariñosa que me dio todo lo que necesitaba y más. Sin embargo, como a muchos, eso no impidió que debiera batallar con la depresión adolescente, causada por relaciones tempranas y la exploración de mis propios sentimientos en un punto crítico de mi crecimiento. Alrededor de este tiempo me encariñé con Bojack, a pesar de que mirarlo no me hacía sentir bien, sino visto y comprendido. No se trataba de que tan profundos sean mis problemas (Bojack ha sufrido mucho más que yo sin duda), sino de como el programa era capaz de hablar tan elocuentemente sobre tópicos de los cuales yo ni siquiera sabía como empezar a explicarle a mis padres sobre mi propia mente.

Durante este periodo, también me encontraba sosteniendo una relación pésima con mi madre. Ella mostraba un carácter fuerte, a menudo regañándonos a mi y a mi hermano, y rara vez mostraba una sonrisa en su rostro. Trabajaba alrededor de dieciséis horas al día por nosotros, claro. Pero mi mente adolescente no podía comprender porque ella debía ser tan innecesariamente cruel. La situación escaló hasta alcanzar un punto donde me encontré pensando lo peor: “Odio a mi madre”.

A sabiendas de esto, y comportándose como una persona adulta, ella constantemente intentaba conectar conmigo, lo cual llevó a que me invite en varias ocasiones a pasar un día completo de trabajo con ella. Trabajaba en una oficina casi vacía colmada de computadoras, las cuales podía utilizar a mi antojo, y me compraba Mc Donalds, por lo tanto yo siempre accedía.

Uno de estos viajes coincidió con el día en el que se lanzó la quinta temporada de Bojack. Entonces elegí una computadora, tomé una silla de oficina y me dispuse a mirar la temporada completa en una sola sentada mientras disfrutaba del almuerzo que me compró mi madre, sin saber que mi mente estaba a punto de cambiar.

A medida que el día transcurría, llegué al capítulo seis: “Free Churro”.

El episodio perfecto

El episodio abre con un recuerdo desgarrador de Bojack siendo abusado verbalmente por su padre, quien descarga una oleada de misoginia (propia de la época en la que se sitúa) sobre él, culpándolo a él y a su madre por su infelicidad. Desde el comienzo recibimos una lluvia de empatía hacia Bojack, preparándonos para lo que está a punto de seguir: un profundo y constante monólogo de veinte minutos del propio caballo.

Al finalizar la canción de apertura, Bojack se muestra vestido con un traje negro mientras da un elogio fúnebre en lo que pronto nos enteramos, es el funeral de su madre. Anteriormente en la serie, el personaje de ella fue construído alrededor de la idea de que era un monstruo que abusaba verbalmente de su hijo constantemente, mostrándola como el villano y la principal causa de la lucha emocional de Bojack. Pero en la temporada anterior a este capítulo, su historia es contada desde un punto de vista mucho más frágil, siguiendo la lucha con su demencia. Repentinamente, nos enteramos de su fallecimiento al ver y escuchar a Bojack pronunciar su monólogo con tonos, tópicos y formas de hablar contradictorias entre sí.

La emoción pura, las múltiples tramas que convergen y la increíble actuación del talentoso Will Arnett convierten esta pieza de diálogo en una de las mejores producidas de la historia y, en mi opinión, la mejor en el campo de la animación. No alcanzan las palabras para explicar lo poderoso que es escuchar a Bojack desesperadamente buscando hacer sentido de las últimas tres palabras su madre le dijo antes de perecer, mientras recuerda una incómoda anécdota de camino al funeral con una empleada de Jack in the Box, mientras recuerda nostálgicamente los buenos momentos como una estrella de televisión de los 90, mientras reflexiona acerca de la esperanza que aún mantenía en un “gran gesto” de sus padres, ambos ya fallecidos, que pudiera redimirlos de una vida completa de errores.

Recuerdo vívidamente cada parte de haber experimentado ver este episodio por primera vez. Pasé al menos la mitad del capítulo esperando que el monólogo de Bojack sea una especie de introducción, esperando para el corte a una nueva escena o ubicación. Incluso recuerdo sentirme molesto por que hicieran dicha introducción tan prolongada. Había algo realmente incómodo en escuchar a este caballo divagar acerca de su pésima relación con su madre, como estar encerrado en una conversación que no querías tener, o no estabas preparado. Cuando me di cuenta de que el episodio completo transcurriría de esa manera, solo me apoyé contra el respaldo de la silla y escuché. Cada línea era como recibir un puñetazo en el estómago. No podía sacar los ojos de la pantalla. Cada vez que el tono de Bojack era de enojo, un recuerdo malo de mi relación con mi madre vendría a mi mente. Pero cuando el tono de Bojack era de nostalgia, un hermoso y cálido recuerdo de mi niñez llegaría. Esta especie de trance continuaría hasta alcanzar los últimos minutos del episodio, momento en el cual Bojack pronuncia la línea que de seguro cambió mi vida.

Mi madre está muerta, y todo es peor ahora.

Casí pude sentir mi cerebro recabléandose en el momento exacto en el que escuché esta cita. Al terminar el episodio, previne el intento de Netflix de avanzar hacia un nuevo capítulo, simplemente dejando que la pantalla de créditos pase en frente mío. Luego de todo haber terminado, rompí contacto visual con la pantalla por primera vez en veintiseis minutos, volteando para mirar a mi madre. Ella estaba trabajando. Ella estaba trabajando duro. Mis ojos estaban vidriosos, y la vi de una forma en la que no lo había hecho hacía muchos años. Cada pensamiento oscuro que tenía acerca de ella se convirtió en polvo al instante, siendo reemplazados inmediatamente con un sentimiento que resonó en mi cabeza por toda esa semana: “No la odio. No la odio para nada”.

Por supuesto, este cambio en mi mentalidad no ocurrió de la noche a la mañana, dejando de lado el shock inicial y los sentimientos encontrados. La verdadera madurez fue alcanzada varios años después, si es que lo fue. Pero nunca olvidaré la semilla que fue plantada ese día. La chispa que encendió un fuego a punto de apagarse.

Lo puedes hacer tu también!

La razón por la cual siento que esta historia es tan importante no es que me ocurrió a mi. Imagino que todos debemos tener un momento como este naufragando en las profundidades de la conciencia. Esto se trata a cerca de como la buena escritura tiene el potencial para cambiar vidas. No es como que necesitemos muchas más pruebas de eso, realmente. Pero aquí esta la clave: la buena escritura puede venir de cualquiera con una historia. Y como escribió Janis Ian en su canción “Stars”, interpretada maravillosamente por Nina Simone:

Siempre tenemos una historia.

Puedes adivinar que serie de Netflix utilizó esta hermosa canción? Es sobre un caballo.

Espero que escribas tu historia y cambies vidas.